Los coches malditos de la historia de la automoción

Publicado por canalMOTOR, 04 Oct 2016

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Los coches malditos de la historia de la automoción

Como en todas las facetas de la vida, en el mundo del motor también encontramos historias cargadas de misticismo sobre supuestos casos paranormales: estas son dos de las historias más curiosas de coches malditos en los que no te gustaría subirte.

Todos conocemos las columnas de parking malditas o conductores fantasma que aparecen de la nada, sobre todo si estamos buscando aparcamiento. Aunque para esos casos algunas veces también hay un elemento paranormal, las historias de los coches malditos de la automoción van mucho más allá de eso, envolviendo en puro misterio accidentes, desapariciones, e incluso, la muerte.

 

El Graf und Stift de una guerra


Ser el vehículo en el que tendría lugar el asesinato que llevaría a Europa a la mayor devastación conocida hasta entonces ya hace sospechar. A lomos de esta limusina de principios de siglo paseaba el Archiduque Francisco Fernando, acompañado de su mujer, rumbo al hospital donde habían ingresado a los heridos de un atentado que el mismo mandatario había conseguido evitar esa misma mañana. Fue en este trayecto, cuando uno de los asesinos, un anarquista bosnio que en aquel momento salía de una cafetería, vio a Francisco y a su mujer accesibles desde su acera y no dudó en dispararles, causándoles la muerte en el momento. Muerte que sería el detonante de la I Guerra Mundial.

Durante la guerra y posteriormente, durante los años 20, la limusina fue pasando por las manos de hasta quince personas diferentes, causando al menos seis accidentes diferentes y 13 víctimas mortales –sin contar los 17 millones de pérdidas humanas que causó el conflicto europeo.

El primero de sus dueños, tras la tragedia del archiduque, fue un general austriaco de nombre Potiorek, que se volvió loco conduciendo el coche por las calles de Viena. A continuación, y ya en manos de un gobernador de Yugoslavia, el coche provocó cuatro de los accidentes y la pérdida de un brazo de su conductor. A estas alturas, ya había ciertas sospechas de que el vehículo podía estar maldito, pero este gobernador no dudó en deshacerse de él, vendiéndoselo a un buen amigo suyo cirujano, que moriría al volante del Graf und Stift tan solo seis meses después. De aquí, pasó a un capitán del ejército alemán que moriría en un accidente, intentando esquivar con el coche a dos peatones sin éxito (los tres perderían la vida). El coche maldito iría a parar a las manos de un comerciante de diamantes, que acabaría suicidándose. El piloto de carreras suizo que lo heredó murió al chocarse contra un muro mientras conducía. El granjero serbio que recogió y remolcó el vehículo con su propio carro, murió aplastado por el mismo. Y, para acabar, el último propietario de este coche letal, Tiber Hirshfeld, perecía junto a sus 5 amigos y pasajeros, camino a una boda en 1926.

En ese mismo año, los siguientes dueños tuvieron a bien sacarlo de la circulación pública con semejante historial y, desde entonces se muestra en el Museo de Historia de Viena. Según la “leyenda”, este museo fue blanco de varias bombas de otro de los horrores bélicos, la II Guerra Mundial, de las que el coche de Francisco Fernando, como en todos sus accidentes anteriores, habría salido totalmente intacto.

 

 

 

 

El Pequeño Bastardo

 

La del Little Bastard es una de las historias más documentadas sobre un coche maldito que existen. Esta sucesión de muertes y accidentes comienza precisamente con la tragedia que le daría la fama al vehículo: la muerte de James Dean al volante de este Porsche 550 Spyder (al que el actor llamaba Little Bastard) y las tremendas lesiones de su copiloto Rolf Wütherich, que sobreviviría a varios intentos de suicidio y que acabaría por morir, años más tarde, en otro accidente de tráfico.

Los restos del coche fueron a pasar al amigo de Dean, George Barris, que vendió los elementos que se podían reutilizar a otros conductores, quienes comprobaron de primera mano la magnitud de la maldición ante la que se encontraban. La primera víctima fue un doctor que compró el motor del Porsche, con el que perdería la vida poco después durante una carrera. Las partes del coche fueron pasando por distintas manos, provocando todo tipo de accidentes: mientras se transportaban a su comprador, los restos del coche partieron las piernas a un mecánico al descolgarse de un remolque; los neumáticos que fueron reutilizados explotaron en plena marcha, lo que provocó una salida de la carretera del vehículo que los llevaba; e incluso, un incendio sin explicación casi acabaría con lo poco que quedaba de Little Bastard.

Pero sobrevivió y habiendo visto este desarrollo, las autoridades decidieron usar el vehículo reparado como muestra en institutos de los peligros inherentes a una conducción irresponsable. En Sacramento, el coche volvió a descolgarse, rompiendo la cadera a un estudiante. Posteriormente, mientras Little Bastard era transportado a Salinas por un camión, este perdió el control y acabó impactando contra un tercer vehículo, cuyo conductor sería aplastado.

Con esta trayectoria, Barris decidió guardar para siempre el coche a buen recaudo, y lo mandó en tren, en un vagón sellado, de Florida a Los Ángeles. Cuando llegó a su destino, el vagón no tenía signos de haber sido forzado, y el sello estaba intacto, pero el Little Bastard había desaparecido, y nunca más se supo de él.

Estas son dos de las historias de coches malditos más truculentas. Si no quieres pasar miedo con el tuyo, no olvides hacerte con un Seguro de Coche MAPFRE que velará por ti y te dará todas las protecciones para que nada “paranormal” le ocurra a tu cuatro ruedas. Infórmate.



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