¿Por qué nos gusta tanto el Porsche 911 Carrera?

Publicado por canalMOTOR, 08 Mar 2017

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Porsche 911 991

Desde su introducción en 1963, el Porsche 911 Carrera se ha convertido en un icono de los coches deportivos. Aunque ha sido objeto de constantes actualizaciones a lo largo de su historia, la esencia original se ha mantenido. En este artículo, exploramos qué lo ha hecho tan deseable.

Antes de entrar en materia con el Porsche más icónico, el 911, procede hacer un repaso a la historia de la marca alemana. En 1931, poco antes de que subiera Hitler al poder, Ferdinand Porsche fundó en Sttutgart su empresa, dedicada a la consultoría automotriz y al desarrollo de componentes, pero sin producir ningún vehículo propio. 

Uno de sus primeros encargos fue por parte del mismísimo Tercer Reich, para producir un “coche para el pueblo” o un Volkswagen. Su trabajo resultó en uno de los coches que cambiaría el panorama automotriz por siempre: El Volkswagen Beetle. 

Poco después, desarrollaron su propio coche deportivo, el 64, que compartía muchos componentes con el Beetle. Durante la guerra, Porsche se encargó de hacer una versión militar del Beetle. Sus diseños de tanques perdieron el concurso contra los diseños de Henschel & Son, que presentaron el Tiger I y el Tiger II. 

Tras la guerra, la fábrica de Volkswagen pasó a ser controlada por un mayor del ejército inglés, Ivan Hirst. Ferdinand Porsche fue arrestado, pero no juzgado, por crímenes de guerra. Durante los 20 meses que pasó en la cárcel, su hijo, Ferry Porsche, diseñó su propio coche, ya que no encontraba en el mercado ninguno que satisfacía sus intereses. 

Este coche, llamado 356, sería el precursor directo del 911, y fue el primer coche vendido con el emblema de Porsche en el capó. Dado que era muy difícil encontrar partes en la posguerra alemana, muchas eran intercambiables con el Beetle. 

A medida que progresaron los años, se fueron usando cada vez menos partes de Volkswagen y fueron afinando el carácter deportivo del 356, hasta que ganaron su primera carrera en Innsbruck. Habían dado con la fórmula del éxito.

Está todo en la esencia: del 356 al 911 Carrera

El 356 representó la idea detrás de todo lo que se convertiría Porsche. Era un coche pequeño, liviano, con un motor trasero refrigerado por aire capaz de otorgar una potencia relativamente decente (cuanto más liviano es el coche, menor potencia es necesaria) y con una calidad de construcción envidiable. También fue el primer modelo en dar el salto del acero al aluminio en su chasis. 

Los años cincuenta fueron determinantes al éxito de Porsche y el 356. Pero a comienzos de los sesenta, se desarrolló su sucesor: más grande, más potente, más cómodo. En el Salón internacional de Frankfurt de 1963, se presentó el primer Porsche 911 Carrera. 

El diseño del 911 corrió de la mano del hijo de Ferry Porsche, autor del 356. Así, llegó al mercado un motor más potente (con dos cilindros más, pasaba de 4 a 6) y un diseño más moderno aún, inmediatamente reconocible como un Porsche. 

Los primeros modelos eran capaces de entregar 130 caballos, pero 3 años después se comercializó una versión de 160 caballos. A partir de entonces, el 911 se convirtió rápidamente en un modelo muy exitoso en competiciones automovilísticas, desde rallies, hasta las 24H de Le Mans.

Porsche estuvo mejorando cada año su pequeño deportivo, que entonces no estaba diseñado para ser el vehículo de lujo que hoy tenemos asociado al emblema 911. Su objetivo era hacer un coche bueno y muy eficiente en cuanto a manejo y calidad. El motor de seis cilindros ha permanecido en la línea desde su origen, aunque los modelos actuales poseen turbo y refrigeración líquida. 

De hecho, el turbo no hizo su aparición en el 911 hasta 1975. Ese año, apareció la conocida ‘cola de pato’ y la potencia aumentó hasta los 260 caballos. El turbocompresor tenía una entrada tardía en comparación con el momento en el que se pisaba el acelerador y se consideraba la versión más peligrosa del 911. 

La tracción y el peso traseros del 911 hacían que, en algunas curvas, se perdiera el agarre de los neumáticos traseros y el coche saliera despedido en un derrape lateral, que a menudo acababa en un accidente. 

El diseño de Porsche cambió poco desde su introducción en 1963 hasta 1989, cuando surgió la serie 964, la más deseada por los coleccionistas. Los cambios hasta entonces habían sido mejoras en el motor, transmisión y suspensiones, pero la esencia permaneció igual. En los años ochenta Porsche estaba tentado de sustituir el popular 911 con el 928, pero decidieron mantener la línea, en un guiño a su tradición. 

Para 1989, Porsche decidió hacer una revisión total a su diseño y crearon el 964 (que se vendería como 911). Cambiaron el chasis, introdujeron la tracción total para ayudar al paso de curvas; ABS y dirección asistida. El año siguiente, Porsche lanzó lo que se consideraría “la mejor transmisión automática del mundo”, su popular cambio de doble embrague PDK, herencia directa de sus avances competitivos en Le Mans. 

Para 1994, Porsche lanzó una nueva revisión del 911, la última que usaría refrigeración por aire, llamada 993. Aunque no se considere el diseño más acertado estéticamente, sus mejoras lo mantuvieron un competidor contra otros deportivos de la época. 

En 1999 se introdujo por primera vez en 34 años el cambio a refrigeración líquida. El diseño se alejó de los faros redondos, dando paso a los “huevos fritos”, como son conocidos por los conductores, que compartía con el nuevo Boxster. 

Pero para 2005 se volvió al diseño de los faros redondos. Sus motores ya se habían vuelto más potentes, los más básicos capaces de entregar 350 caballos. Con la versión más moderna, 991 introducida en 2012, las versiones más potentes llegan hasta los 430 caballos.

Fueron las revisiones de 1999 las que marcaron el paso de Porsche de una marca centrada en las dinámicas de la conducción a una marca de lujo. Hoy en día, el Porsche más barato ronda los 90.000 euros sin opciones. 

En gran medida, la aventurera decisión de producir coches “menos deportivos” como el Panamera, el Cayenne o el Macan, han permitido que la marca de Stuttgart tenga los beneficios que necesita para seguir produciendo el 911 y el 718, sus deportivos emblemáticos.

Se puede escribir mucho sobre un 911, pero hasta que no escuchas el rugido de los seis pistones detrás de tu cabeza, con el gran contador de revoluciones enfrente, no sabes bien de qué se trata.

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