Filtros del habitáculo: el filtro antialérgico

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Filtros del habitáculo: el filtro antialérgico

Para preservar limpia la atmósfera rodante, sólo tenemos el filtro del habitáculo como protección, que está íntimamente ligado al aire acondicionado.

Si nos preocupa la contaminación aérea ambiental, más nos debería preocupar la del aire interior de nuestros coches, que es el que respiramos a veces varias horas cada día (o a la semana) mientras circulamos con ellos.

¿Qué es el filtro antialérgico?

Se trata del único filtro que cuida del aire que respiran los ocupantes del vehículo. Una función clave que nos libra del polvo y la contaminación dentro del coche, con un segundo efecto muy importante ahora en primavera, que es la retención del polen vegetal en suspensión en el aire, causante de la gran mayoría de las reacciones alérgicas que van en aumento y que sufre la gente (polen el 86% y hongos 14% en Europa).

En realidad su tarea va más allá, pero no cabe duda de que las personas alérgicas (más de 8 millones en España) y asmáticas son las primeras en notar sus benéficos efectos, pero además de facilitar una respiración más sana, el filtro de habitáculo retiene también (sobre todo si es de carbón activo, el más eficaz) muchas más sustancias peligrosas, incluidas algunas potencialmente cancerígenas como los hidrocarburos aromáticos, el mismo hollín del humo, o las orgánicas tóxicas, como esporas y hongos.

En el fondo, el filtro de habitáculo no es más que otro filtro de aire, pero esta vez no para el motor sino para los ocupantes del vehículo. Al no filtrar el aire del motor sino el que respiramos, su composición es distinta al de éste; es también de papel poroso, pero no parafinado sino apelmazado con fibras no tejidas («non vouwen»), junto a una capa de polipropileno cargada de electricidad estática para retener magnéticamente las partículas, trabajando a un caudal lento para causar menos resistencia.

Fuente: Motor Mundial

Este flujo más lento de circulación del aire le permite filtrarlo en condiciones de baja contrapresión y así no recarga la actuación del ventilador eléctrico, lo que no le impide alcanzar una alta retención de partículas tras su barrera.

Esta retención llega a ser del orden de hasta una o media micra (en la actualidad alcanza ya hasta la décima de micra), por lo que son tan eficaces a la hora de filtrar el polen (que se intensifica de abril a julio por la polinización de las gramíneas y el olivo), así como las impurezas orgánicas del aire que entra en el interior del habitáculo del vehículo a través de sus aireadores, en forma de polvo, hollín, cenizas, sílice, bacterias…

Su eficacia varía según su composición y calidad. Hasta hace poco más de una década, todos los constructores se conformaban con una capacidad de retención de hasta tres o cuatro micras, afinando poco a poco hasta las dos (las de menos de dos micras son las que pueden llegar a los pulmones y los ojos, provocando estornudos, lagrimeo y picores), exigencia que hoy se va extendiendo hasta la media micra como mínimo.

Todo esto gracias a un gran número de los nuevos filtros de carbón activo que retienen ya hasta las de una décima (0,1 micra), hoy las más perseguidas porque son las que más emiten los diésel modernos (que con los FAP -filtros de partículas- han eliminado ya las grandes), y que son las más peligrosas porque al ser tan pequeñas son las que pueden llegar a los alveolos pulmonares.

Filtros de habitáculo. ¿Normales o de carbón activo?

Su progresiva extensión, de la mano de la generalización del aire acondicionado, también ha dado lugar a distintos niveles de eficiencia y duración. No son las mismas necesidades las de un filtro de habitáculo para un tractor que trabaja en condiciones de polvareda permanente en pleno verano en el campo que para un utilitario urbano en invierno y alta montaña.

Los fabricantes suelen ofrecer tres grados de filtración en este tipo de filtros, según los vehículos, su volumen interno y su duración. El primer nivel es el de los filtros de larga duración (para camiones, vehículos industriales, tractores…) de papel monocapa con fibras de plástico e impregnación epoxídica con estructura de poros decreciente (para que así la cara «sucia» retenga la mayor parte de las partículas).

Luego hay un segundo nivel de acción reforzada con papel poroso, y el tercero, que es el específico para turismos, repite la estructura del primer nivel, pero con doble capa, una de poro grueso para polvo y hollín, y otra de poro fino para polen y microfibras, ésta ya electroestática.

A estos tres niveles (simple, reforzado y doble) se añade a menudo un cuarto con una capa de carbón activo, casi siempre unido a una capa de lanilla o vellón de microfibras, magnetizada estáticamente, para que entre los dos retengan tanto las partículas medias y grandes (de 1 a 5 micras) como las pequeñas (de 0,5 a 1).

De todos modos, conviene recordar que en nuestras ciudades más del 50% de las partículas de hollín no provienen de los diésel, sino de las chimeneas de fábricas, cocinas domésticas y calefacciones.

El estándar actual de ACEA (la patronal europea de los constructores de automóviles) obliga a filtrar al menos el 70% de las partículas de menos de media micra (y el 99,9% de las de media a una), aunque lo cierto es rara vez se logra. Una muy alta eficiencia que también reduce su duración, ya que los filtros cuantas más partículas retengan, antes se taponan y por consiguiente antes hay que cambiarlos.

Por eso se recomienda que los coches con equipos modernos de climatización (climatizadores automáticos, bizona, etc) deben sustituir el filtro cada 15.000 kilómetros o bien cada año. Una recomendación digna de tener en cuenta según los casos, aunque choque un tanto con la realidad, ya que lo normal en nuestro país es que se efectúe cada dos años, salvo en la costa y en las islas donde su saturación se nota antes debido a la humedad.

En uso por ciudad y según las condiciones del tráfico durará menos que en carretera, y si se utiliza mucho la recirculación interna del aire, durará más. Porque pese a su impregnación hidrófuga, se contamina antes con hongos y bacterias (algo que a veces se detecta por su mal olor, y que es especialmente frecuente en los coches que llevan el drenaje del agua del circuito del aire acondicionado cerca del filtro de habitáculo, facilitando que éste la absorba). En ese caso no basta con cambiar el filtro, sino que hay que eliminar el moho restante en el conducto, secándolo y aplicando algún producto germicida.

Una pregunta que se hacen muchos usuarios cuando disponen de la doble oferta, es si deben poner un filtro de habitáculo normal o bien de carbón activo.

Sin duda el carbón activo es la mejor solución, tanto para los usuarios más sensibles y alérgicos como para filtros bajo condiciones de humedad extrema, porque retienen más hidrocarburos libres (HC) y más óxidos nitrosos y sulfurosos (NOx y SOx) así como otros gases y vapores nocivos que aunque no se huelan, provocan mareos y dolores de cabeza, y desde luego, eliminan mejor todo tipo de olores.

A cambio, son más caros, aunque su precio tiende a bajar conforme crece el número de coches que los equipan (de ahí el importante aumento de referencias que ha experimentado su gama, siguiendo la tendencia a la baja de los filtros normales).

Como regla general, las personas más sensibles al polen y las alergias deben montar los filtros de carbón activo, procurando que sean de marca y calidad reconocida.

Lo último: carbón activo con polifenol y tricapa

La última novedad son los filtros de carbón activo con polifenoles, aún más eficaces contra los alérgenos, al mejorar mucho su capacidad de retención de partículas alérgicas.

Capaces de retener casi el 100% de todo tipo de partículas aéreas, a base de un tejido de fibras muy tupidas que logra una capacidad de retención conforme con el límite máximo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es de 25 microgramos por metro cúbico (M3) de aire.

Otra opción son los filtros con el nuevo sistema «FILTER +» que combinan el mineral con otro de origen orgánico (un carbón activo procedente de la cáscara de coco carbonizada con vapor de agua a 900º), cuya estructura más porosa y esponjosa que la del carbón activo mineral retiene partículas de una décima de micra y micro-bacterias (500 veces menos del diámetro de un pelo humano).

Se aconseja el cambio anual justo al final del invierno, para eliminar la suciedad y humedad acumuladas tras la estación fría, y no dudar en la opción de carbón activo si el usuario acusa hipersensibilidad alérgica, además de revisar el sistema de climatización y la carga del aire acondicionado.

Aparece también una nueva gama Cabin3Tech+ que filtra eficazmente partículas grandes (como un filtro de polen), neutraliza olores y gases peligrosos (como un filtro de carbón activo) y retiene hasta el 99% de las partículas finas de hasta 2,5 micras.

El filtro Cabin3Tech+ se compone de tres capas para obtener el mejor proceso de filtrado:

  • La primera es una capa sintética de filtrado preliminar para retener los alérgenos de mayor tamaño suspendidos en el aire (polen y partículas de polvo de 10 a 100 micras de diámetro).
  • Luego viene una segunda capa de carbón activo (a partir también de cáscara de coco) para absorber olores y gases perjudiciales (tolueno, butano, NO2, SO2…) causantes de tos e irritación de mucosas, además de dolor de cabeza.
  • Por último, una tercera capa electrostática «melt blown» para atrapar las partículas menores del polvo, polen y residuos de forros de frenos, reteniendo aquí hasta el 99% de las partículas de dos micras y media (20 veces menores que el grosor de un pelo) así como más de la mitad de una micra, que es un buen estándar, aunque aún esté por debajo de la exigencia ACEA.
15 junio, 2019|

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