5 Min de lectura |  Los coches impulsados por gasóleo están sufriendo una crisis de popularidad motivada por la incertidumbre y las restricciones a las que están sometidos.

A pesar de las restricciones de tráfico y de las trabas impuestas al diésel, los vehículos movidos por gasóleo siguen dominando el parque automovilístico de España.  Según las últimas estadísticas de Tráfico correspondientes a datos de 2018, un total de 10,5 millones de automóviles se mueven con gasolina, mientras que los diésel se mantienen por encima con 13,5 millones de turismos.

Sin embargo, a pesar de que el número de coches diésel ha aumentado en volumen, su cuota es menor. Según la misma fuente, en 2017 los coches diésel representaban el 57 por ciento del parque automovilístico español, mientras que en el censo de 2018 se ha registrado una caída de siete décimas, situándose en el 56,23 por ciento.

El polémico dieselgate, la subida de precios y la persecución constante comienzan a hacer estragos. Y es normal que, en este punto, uno pueda preguntarse si aún interesa comprar un coche diésel. La respuesta rápida es no, sin embargo, algunos aún encuentran motivos para hacerlo.

En cualquier caso, si estás pensando en comprar un coche diésel o cualquier otro tipo de vehículo, con los Seguros de Coche MAPFRE tendrás la mejor cobertura para evitar cualquier tipo de problemas en tu coche.

¿Cuándo escoger un coche diésel?

Para responder a esta pregunta, primero hay que cuestionarse varios aspectos sobre el uso que se le va a dar al vehículo.

Si vas a recorrer muchos kilómetros

Para aquellos que pretendan recorrer muchos kilómetros, aún tiene sentido comprar un coche animado por este combustible, ya que, aunque el precio de compra y mantenimiento es mayor que un gasolina, su consumo es menor. En este sentido, los eléctricos aún no llegan a ofrecer la autonomía de un vehículo de combustión.

Cierto que el comprador se mueve por sensaciones y un factor clave que a menudo hace caer la balanza del lado de los diésel es que la mayoría de compradores prefiere gastar más en la adquisición de un coche diésel, que pagar más en los repostajes por haber comprado un gasolina. Es como si uno hiciera una inversión mayor al principio y luego ya fuese toda una vida útil del coche de ahorro.

Como recomendación general, diremos que un coche diésel solo es aconsejable cuando se realizan al menos cerca de 25.000 kilómetros al año o más. Los conductores que vayan a realizar aproximadamente 10.000 kilómetros al año como mucho deberían decantarse por el menor precio de las versiones de gasolina.

Y aunque sus precios son todavía muy elevados y su rentabilidad incierta, aquellos más preocupados por el medio ambiente y deseosos de impulsar tecnologías más limpias pueden echar sus cuentas con coches híbridos.

Etiqueta medioambiental y restricciones al tráfico

Otro factor importante que hay que considerar son las restricciones al tráfico en función del etiquetado del vehículo. No obstante, esta medida no afecta por igual en todo el territorio nacional, por lo que habría que analizar si en nuestra zona existen. De no ser así, podría interesar la compra de un coche diésel.

Lo que, lógicamente, no tendría ningún sentido sería comprar un diésel sin etiqueta medioambiental en los territorios en los que sí se exige. Y si se opta por comprar uno con etiqueta B no hay que olvidar que este grupo es susceptible de convertirse en el siguiente en sufrir restricciones más duras.

Bajada de precio

Todo apunta a que, tras las constantes amenazas tanto a nivel europeo como estatal, el mercado de coches diésel de ocasión y usados baje de precio de forma paulatina ante el deseo de sus dueños de deshacerse de ellos y adquirir uno de energías limpias y sin restricciones.

Pero esta realidad pone de relieve otra que merece la pena tener en cuenta: cuando decidas vender tu coche diésel su depreciación será mayor.

Nuevas regulaciones sobre el diésel

En la actualidad existen algunas limitaciones para los vehículos poco eficientes en algunas de las grandes ciudades, por ejemplo, problemas para pasar la ITV si el coche es diésel.

Además, desde el 1 de enero de 2020 ha entrado en vigor la normativa Euro 6d TEMP, que se aplica a coches de nueva homologación y que un año más tarde deberán cumplir todos los coches nuevos matriculados.

La nueva normativa, que se ha ido implantando de forma paulatina desde hace varios meses atrás, ya introdujo una novedad importante, y es otra forma de medir los límites de óxido de nitrógeno. Ahora, en lugar del anterior NEDC, se emplea el ciclo WLTP, mucho más estricto y fiable, ya que incluye el RED (una prueba a carretera abierta) además de la medición en laboratorio.

Pero la persecución contra los diésel podría ir más allá. De hecho, un borrador del anteproyecto de ley de cambio climático y transición energética establece que las ciudades españolas con más de 50.000 habitantes tendrán la obligación de crear antes de 2023 zonas de bajas emisiones en las que se limite el tráfico de vehículos contaminantes en beneficio del transporte público u otras formas de movilidad sostenible. Es decir, si la medida sigue adelante, se verían afectados un total de 145 municipios y 23,6 millones de habitantes.

Otro de los asuntos que se proponen (aunque tampoco ha sido ratificado aún) es prohibir la venta de coches con motor de combustión tradicional a partir de 2040.

La irrupción de los híbridos

Coche híbrido

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Con todo, no es de extrañar que los híbridos estén ganando terreno a pasos agigantados. Según un informe publicado por el International Council of Clean Transportation, las ventas de híbridos en nuestro país han crecido por encima de la media europea durante los últimos años.

En concreto, en 2018 las ventas de híbridos nuevos experimentaron un crecimiento del 5,7 por ciento, una cifra muy superior a la de otros países, como Holanda (4,6 por ciento), Francia (4,2 por ciento), Reino Unido (3,4 por ciento) o Alemania (2,9 por ciento). El único país que supera a España en este asutno es Suecia, cuya subida es del 5,8 por ciento.

Esta irrupción de los híbridos se debe, sobre todo, a la preocupación -cada más extendida- por la polución que producen los motores de gasoil, que, si bien generan menos CO2, son más contaminantes en óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión, algo que, aunque podría solucionarse con motores más eficientes, no parece ser una prioridad de la industria.

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